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Martes 19 de abril de 2016

COMPROBADO | Puedes practicar la meditación mientras abrazas y eres abrazado

Los abrazos tienen mucho de eso que nutre el alma. Dar o recibir uno puede desencadernar una sucesión de cosas buenas para nuestro organismo más allá de los afectos, que ya son algo bueno, por cierto. 

Son capaces de reducir una de las hormonas que provocan el estrés, el cortisol y de favorecer la liberación de serotonina y dopamina, hormonas que por el contrario, entregan bienestar y tranquilidad. Gracias a los abrazos, nuestro sistema nervioso se activa y se libera otra hormona, la oxitocina, además de unos mecanorreceptores de la piel llamados Corpúsculos de Pacini, los cuales reducen la presión arterial. Y así, podríamos seguir mencionando cosas buenas que pasan cuando nos estrechamos con otra persona.

Eso sí, para abrazar y ser beneficiado con todas estas bondades, hay una ley: ser y estar presente durante ese abrazo, es decir, viviendo el aquí y el ahora de manera más que consciente, tanto, como cuando tomas un vaso de agua... Y aquí viene lo interesante.

Cuando vuelvas a llenar un vaso con agua, antes de tomártelo, disponte a vivir ese momento, igual que cuando vayas a dar el próximo abrazo: párate frente a la persona que abrazarás, siente tu respiración, abre tus brazos y deja que todo siga su curso. En la primera inhalación y exhalación, sé consciente de que tú y tu ser querido están vivos y con la segunda inhalación y exhalación, imagina en dónde estarán ambos dentro de 300 años. Con la tercera inhalación y exhalación, siente la importancia de tener a esa persona que abrazas.  

Todo esto, pero de manera mucho más detallada es lo que postula el guía espiritual vietnamita Thich Nhat Hanh. Cada abrazo es, finalmente, una nueva oportunidad de apertura espiritual y de sentirse vivo en tiempo presente, ¿qué tal?

Fuente: Pijama Surf

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