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Miércoles 21 de junio de 2017

10 consejos de la neurociencia para mejorar tu aprendizaje

No se trata de sentarse a estudiar por horas y memorizar con loco. Todo lo contrario: un buen aprendizaje implica actividades como hacer ejercicio, dormir bien y alimentarse de manera saludable.

A veces estudiar es una tarea compleja. No solo se trata de tener hábitos de estudio, sino de crear un ambiente y llevar un estilo de vida que fomente la creatividad, la curiosidad, la actividad física, entre muchas otras cosas. Para los expertos en neurociencia y psicobiología, hay varias cosas que podemos hacer par mejorar nuestra forma de aprender. Acá, un listado.

1. Practicar regularmente deportes o actividades físicas

El ejercicio físico beneficia las capacidades cerebrales de niños y adultos. Practicar alguna una actividad física semanal mejora la memoria, la flexibilidad y la velocidad de procesamiento de información. Esto sucede porque el ejercicio físico genera BDNF, una proteína que aumenta la capacidad de las neuronas para formar conexiones entre ellas.

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2. Evitar el exceso de grasas en la alimentación

No tiene que ver con vanidad, sino con que las grasas reducen la sensibilidad de los receptores MDA, moléculas del cerebro que forman parte de los mecanismos de plasticidad neuronal que hacen posible la formación de la memoria, en lugares como el hipocampo y la corteza cerebral. La experimentación actualmente en curso indica que la restricción calórica en la alimentación favorece la mayoría de procesos mentales.

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3. Dormir lo necesario

El sueño prepara al cerebro para aprender y, mejor aún, cuando se duerme después de estudiar, refuerza la memoria. Es así porque las mismas neuronas que se activan para registrar la información vuelven a activarse cuando dormimos. Suelen hacerlo entonces a mayor velocidad, dando preferencia a las que registraron los aprendizajes que tuvieron mayor importancia para nosotros. El sueño es, por tanto, una forma cerebral de practicar y fortalecer lo aprendido durante el día.

Además de facilitar el aprendizaje y potenciar la memoria, el sueño reorganiza y estructura los contenidos de la mente. Les hace "un hueco" en nuestra gran memoria y permite que después podamos opinar, inferir, hacer comparaciones, entre muchas otras cosas.

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4. Entrenar frecuentemente la memoria de trabajo

Esta memoria es la que utilizamos para pensar, razonar, planificar el futuro y tomar decisiones. Con ella retenemos en la mente, por ejemplo, las diferentes opciones para tomar una decisión. Materias como la filosofía o las matemáticas promueven este tipo de memoria.

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5. Guiar el aprendizaje con preguntas

Este procedimiento motiva al estudiante, concentra su atención y lo convierte en una especie de detective o investigador que busca en cualquier fuente de información posible, la solución a los interrogantes que se le plantean. Es además un modo de enseñarle a trabajar y ganar autonomía para aprender.

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6. Practicar lo aprendido

El recuerdo, además de servir para evaluar lo aprendido, sirve también para seguir aprendiendo. El preguntar sobre la información recientemente aprendida beneficia a la memoria a largo plazo, pues promueve el reclutamiento de los circuitos neuronales del recuerdo en las subsecuentes oportunidades de estudio. Ayuda también a mantener la atención durante largos periodos, evitando las distracciones cuando se estudia leyendo los textos en la pantalla de un ordenador.

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7. Un poco de estrés no es malo

En situaciones emocionales o de estrés moderado, la activación de estructuras cerebrales como la amígdala y la liberación en la sangre de hormonas como la adrenalina y los glucocorticoides pueden contribuir a la facilitación del aprendizaje y la memoria actuando directa o indirectamente sobre los circuitos neuronales del cerebro.

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8. Leer, leer y seguir leyendo

Leer es uno de los mejores ejercicios posibles para mantener en forma el cerebro. Es así porque la actividad de leer requiere poner en juego un importante número de procesos mentales, entre los que destacan la percepción, la memoria y el razonamiento. Cuando leemos, activamos preferentemente el hemisferio izquierdo del cerebro, que es el más dotado de capacidades analíticas en la mayoría de las personas, pero son muchas las áreas cerebrales de ambos hemisferios que se activan e intervienen en el proceso. Decodificar las letras, las palabras, las frases y convertirlas en sonidos mentales requiere activar amplias áreas de la neocorteza cerebral.

La lectura refuerza también las habilidades sociales y la empatía, además de reducir el nivel de estrés del lector. El libro y la lectura, como gimnasio asequible y barato para la mente, deberían incluirse en la educación desde la más temprana infancia y mantenerse durante toda la vida.

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9. Aprender idiomas

Los individuos que aprenden otros idiomas en su infancia y las practican a lo largo de su vida tienen una mayor atención selectiva y más desarrollado el hábito de conmutar contenidos mentales, lo que les facilita aprender sobre temas complejos, especialmente los que implican cambios en las reglas de ejecución. Aunque pueden tener un vocabulario más reducido en cada lengua, los bilingües son más rápidos y efectivos que los monolingües cuando, por ejemplo, aprenden a clasificar objetos por su color y, de repente, hay que cambiar y clasificarlos por su forma.

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10. Evaluaciones orales

Las exposiciones o los exámenes orales no solo permiten una evaluación rigurosa del conocimiento adquirido por los alumnos, sino que, sobre todo, inducen en ellos un tipo de estudio mucho más basado en la comprensión de los materiales y la información que en su simple memorización. Son además métodos que generan una memoria a largo plazo mucho mejor que la que resulta del tipo de estudio consistente en repasar una y otra vez textos o apuntes de una materia.

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Fuente: El País.

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