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Jueves 8 de julio de 2021

Raffaella Carrá: Que No Te Asuste la Oscuridad

La columna de Ariel.

Mi comprensión infantil cuando Raffaella Carrá cantaba “si él te lleva a un sitio oscuro, que no te asuste la oscuridad”, me hacía imaginar una esquina sin alumbrado o el rincón de una fiesta donde no llegaban las luces decorativas. “Irse a lo oscuro” o “a lo oscurito” era código para apartarse del grupo y besarse con alguien.

Con los años, entendí que Raffaella estaba proponiendo algo más audaz, acceso carnal completo. El sitio oscuro puede ser la pieza de un hotel u otra habitación para actividades no exclusivamente de pie. La canción en español empieza “en el amor todo es empezar”, pero en italiano es mucho más directa: “empieza a hacer el amor” (“a far l’amore comincia tu”).

Pero hay más paño que cortar en la frase “todo es empezar”. Como con otros italianos, las canciones de Raffaella muchas veces funcionan mejor en español. “Todo es empezar” es un llamado a dar el primer paso, tomar la iniciativa, tirarse a la piscina. Enfundada en sus trajes sexy-futuristas le cantaba a las mujeres que ellas también podían atreverse, que perdieran el miedo. Antes que Madonna, reivindicó el derecho femenino a seducir y controlar.

Rafaella Carrá venía seguramente de un mundo post feminista, donde la irrelevancia del género por fin era la norma. Lo único que existía era el deseo y el derecho de cada cual a expresarlo e intentar sublimarlo con alguien más. Había algo de ingenuidad, es cierto. Suponía que la conquista y la seducción eran transacciones consensuadas y alegres, donde cada oveja tendría su pareja.

El mundo de Rafaella es un mundo sin #MeToo. Su enemigo no es el abuso, sino la represión. Esa era la oscuridad a la que había que perderle el miedo. También se me figura como ese mundo que desconocemos, pero que siempre nos llama a explorarlo. Como la línea de sombra de la que escribió un inglés del siglo 19. La salida de la casa, la ruptura con la autoridad de papás y mamás, la elección de una pareja que nos lleva a límites nuevos.

No era una cuestión de perder el pudor ante el sexo, no más. Para mí, Rafaella te invitaba a ensanchar la libertad, a atreverte a armar un camino propio y hacerlo con gracia, estilo y una sonrisa. Había que hacerlo, “por si acaso se acaba el mundo”

Tenemos tanto que agradecerle y tantas razones para extrañarla.

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Tags Editorial