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Jueves 25 de febrero de 2021

Sigue la Pandemia Bridgerton: La Regencia Está de Moda

Aparte de la bastante cachonda trama que envuelve el mundo de las debutantes inglesas de principios del siglo 19 o de los codiciados nobles libertinos, la serie Bridgerton ha vuelto a poner de moda el refinamiento de salón, la fiebre por el té e incluso en el diseño se advierte una tendencia a lo aparatoso, al ruedo y el encorsetado.

Lo que está pasando es que la serie producida por la compañía de Shonda Rhymes (Grey’s Anatomy) a partir de las novelas de Julia Quinn está trayendo de vuelta la estética del estilo Regencia, que desde Inglaterra dominó culturalmente a Europa.

Por Regencia se conoce al periodo entre 1811 y 1820, cuando Jorge IV sustituyó en el trono a su padre, el rey Jorge III, que fue declarado no apto para reinar por su conducta errática y descabellada. Hoy se sospecha que lo que pudo haber tenido el monarca interdicto fue un trastorno bipolar. Una concepción más amplia de la época la ubica entre fines del siglo 18, cuando Jorge III todavía estaba lúcido y los reinados de sus hijos Jorge IV y Guillermo IV, que llegaron hasta 1837.

La antigüedad griega y romana fue la principal inspiración para el gusto de la Regencia, con una lectura bien arqueológica y detallada de esas influencias, más estrictas que las abstracciones del neoclasicismo del siglo 18 o del estilo Imperio de Francia, que se manifestaba al mismo tiempo. Los arquitectos de la regencia literalmente le pusieron más color a sus modelos de la antigüedad, con muchos dorados y mármoles de colores, como se imaginaban que en realidad debió haber sido el ambiente urbano de Roma o Atenas. El neoclasicismo, en cambio, tomaba esas formas con el tono más bien deslavado de las ruinas. No se imaginaba cómo podrían haber sido en verdad.

También se sumó el gusto por los motivos egipcios a partir de las expediciones napoleónicas a la región del Nilo en 1798. La estética se puso decididamente cosmopolita y ecléctica, con la adopción de motivos chinos en imitaciones de bambú y en piezas de laca negra y dorada pintadas al estilo japonés, cuyo uso ordenó Jorge IV en el sobretodo de la residencia real de Brighton Pavilion. Jorge IV, todo un influencer de su tiempo, también impuso el gusto por los muebles franceses, especialmente los ornamentados con marquetería (figuras de madera chapadas) e incrustaciones de latón.

Como príncipe regente y como rey, Jorge IV fue muy gastador, lo que no fue tan beneficioso para los súbditos que tributaban a la corona, pero sí para el paisaje urbano de su época, donde brillaron obras de los arquitectos John Nash, Henry Holland, Charles H. Tatham y Thomas Hope.

Aparte de ser una cultura muy visual, como hoy nos pasa con Instagram y Tik Tok, la regencia también tuvo una manifestación literaria principalmente en las novelas de Jane Austen, que retrató el mundo social de las jóvenes en busca de una alianza conyugal que les proveyera estabilidad e ingresos seguros, mientras lidiaban con pasiones y sentimientos que no estaban muy ahí con una vida bien provista y sin sobresaltos, sino con responder a la intensidad del deseo físico y sentimental.

Austen fue maestra en mostrar esa pugna por medio de un lenguaje sutil y exquisitamente irónico, sobrio y elegante, pero muy afilado. Algunos de sus párrafos son verdaderas incisiones quirúrgicas que dejan al descubierto el juego de apariencias que involucraba la industria del cortejo en una sociedad de salones y castas como la de la época.

Bridgerton es bastante más gruesa que las novelas de Austen. Su gracia es que le puso carne a esos conflictos internos de los personajes. Llevó las vivencias de los personajes a los colchones y las sábanas, donde la sobriedad y la elegancia de Jane Austen no entraron.

Con la excepción de la literatura y sobre todo de las novelas de Austen, la regencia se parece mucho a nuestra época, sobre todo porque fue una cultura eminentemente visual, algo excesiva, pero al mismo tiempo producto de una curiosidad estética e intelectual, auténtica o fingida, por la cultura del pasado o de otras partes del mundo. La ostentación y el exotismo fueron importantes en ese tiempo como lo son ahora en nuestras redes sociales. Y los nobles de los salones de entonces son nuestros influencers y celebrities de hoy, cuyas andanzas seguimos con la misma atención que los plebeyos ingleses devoraban las fantásticas historias de la corte que leían en una tecnología que empezaba a revolucionar la cultura y la sociedad del momento: el periódico.

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