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Jueves 19 de agosto de 2021

Editorial: Burkas al acecho

La columna de Ariel

No me malinterpreten, pero cuando vi el regreso de los talibanes y de las burkas a Afganistán, sentí el mismo estupor que recorre a gran parte del mundo y luego reflexioné que es algo normal.

Ahora me explico, antes de que consigan mi identidad completa y me funen (acto que recuerda las lapidaciones que promueven y ejecutan los talibanes para castigar a las mujeres que no se apegan a sus leyes). Piensen desde cuándo votan las mujeres en el mundo. En Chile es desde 1949. En otros países fue después. Los primeros comenzaron a principios del siglo veinte. La Asamblea General de Naciones Unidas consagró el derecho al voto femenino recién en 1954.

Y eso es sólo el voto. Piensen ahora en cuántos países del mundo tienen una equidad de género real expresada en posibilidades de acceder a cargos públicos, justicia salarial, seguros de salud sin discriminaciones, pensiones similares entre géneros, reparto igualitario de tareas domésticas y de crianza. Deben ser como cinco a lo más. ¿Y por cuántos años han vivido esa situación de justicia? Pongámosle unos 20, con cariño. Ya, unos treinta años, extensión temporal que tanto nos gusta en Chile, como máximo.

Quedemos entonces en que, sólo para fines hipotéticos, en algunas partes del mundo, las menos, se han vivido tres décadas con una igualdad de género aceptable. Ha habido dictaduras que han durado más. Se estima que el Homo Sapiens emergió en la cadena evolutiva hace unos 200 mil años. Hace unos 70 mil habría desarrollado sus capacidades cognitivas actuales, como el lenguaje, lo que le permitió una organización social. Hace 12 mil años, se habrían establecido las primeras ciudades gracias a la adopción de la agricultura.

Treinta años de 200 mil son el 0,015 por ciento. De 70 mil, son el 0,042. De 12 mil, son el 0.25 por ciento. Es decir, no llegamos ni al uno por ciento de nuestra viviendo en condiciones de equidad.

Desde este punto de vista temporal, la injusticia ha prevalecido largamente sobre la usticia. El respeto a los derechos universales es un pequeño punto en el trayecto de eso que llamamos humanidad. Me hace pensar en esas comparaciones del tamaño del planeta con el resto del sistema solar en la galaxia.

Entonces, más que asombrarme por los talibanes, me asombra que haya lugares del mundo donde se ha conseguido o se avanza hacia la consagración y el respeto a derechos universales (que también son bastante jóvenes, hoy hay personas que estaban vivas cuando se proclamaron).

No me asusta la violencia y la barbarie de los fanáticos religiosos que acceden al poder. Me asusta la precariedad y la fragilidad de las instituciones y las prácticas que se han alzado para asegurar derechos y libertades que no tenemos que dar por garantizadas. No son parte del aire. Hay que cuidarlas y protegerlas aunque a veces no nos gusten. Aunque a veces nos hagan tolerar y respetar a los que piensan distinto. Si no, veremos el futuro a través de la mínima malla de una burka.

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