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Jueves 27 de mayo de 2021

La columna de Ariel: A lo Hecho, Despecho

Olivia Rodrigo es la revelación del año, pero ¿no le estará dando demasiado color a su ex?

El disco de Olivia Rodrigo, Sour, es una de las mejores cosas que me han pasado este año. Debería decir tal vez una de las pocas cosas buenas, junto con la segunda dosis de mi vacuna. Con las canciones que se habían conocido antes, ya quedaba claro que esta chica salida de la galaxia de High School Musical (actuó en High School Musical: El Musical: La Serie, en lo que puede ser un récord del uso de los dos puntos en el nombre de un programa de TV) es un portento del pop, con un talento especial para lo que se podría llamar el hit-venganza.

Igual que Driver’s License y Deja Vu, el resto del disco se revuelve en lo que se ha rumoreado heavy que es la ruptura de Olivia con su compañero de elenco en High School Bla Bla Bla Joshua Bassett, que a su vez la habría dejado por la cantante y actriz de la factoría Disney Sabrina Carpenter.

Cuando Olivia (Newton - John ya no es la única) canta “And you're probably with that blonde girl/ Who always made me doubt/ She's so much older than me/ She's everything I'm insecure about” en Driver’s License, la rubia en cuestión sería la muchacha Carpenter. Ella a su vez le habría respondido a Olivia en una canción que se llama Skin: “Maybe you didn’t mean it / Maybe blonde was the only rhyme.” Bueno, Sabrina, la palabra “blonde” no es la que hace la rima, en realidad.

Cahuines aparte, Driver’s License es una canción soñada para tener el corazón roto. Me dan ganas de ser adolescente y que me pateen ahora mismo. No puede haber un momento más feliz en la vida de cualquier teenager que ese en que le entregan la licencia de conducir. Pero Olivia Rodrigo convierte ese paso a la adultez en una pesadilla, porque su pierna está con otra y no sentada a su lado en el auto. La idea es genial. Las secciones de la canción son espectaculares, sobre todo esa parte que es como un coro de fantasmas que habla de los semáforos, las veredas y los pasos de zebra que la pobre recorre sola y llorando. Dan ganas de trollear a Joshua con cada oída.

Lo que pasa con la canción también es raro en un mundo deconstruido, ¿no? Aquí tenemos una historia de amor heterosexual cis con una mujer que sufre por un hombre. ¿Qué es esto, 1954? Se me ocurre que estas historias no serían así en el mundo LGBTQI+. De partida, pueden parecer muy patriarcales. Pero quienes hemos pasado por ese tipo de dolores sabemos que, por muy convencionales que sean, siguen siendo intensos y durante un tiempo que es siempre demasiado largo, son lo único que importa.

Aunque, claro, ¿cuántos años tiene esta niña? Si le hizo un disco entero y tremendo a un cabro chico que la pateó, no quiero imaginarme cómo van a ser las decepciones amorosas que el futuro le depara a Olivia. Sí. Vengo de allá y esto puede ser peor. La monumentalidad de sus canciones esconde tal vez una tremenda herida narcisista. Pero siempre he dicho que no tienes que creer en Dios para que te guste Bach ni haber votado por la Lista del Pueblo para escuchar a Silvio Rodríguez. Olivia puede estar entrampada en un dolor egocéntrico que en realidad ella está disfrazado de penas de amor. Pero no es asunto nuestro. Lo que nos tocó son las canciones. Tuvimos esa suerte. Ella no. Pero yo le diría que se relaje, que disfrute su éxito, que esté abierta a escribir música sobre otros asuntos y que el mar está lleno de peces.

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Tags Música