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Jueves 21 de abril de 2022

Columna de Ariel: Vivir con filtro

Escuchando a la Sofía Tupper en Play supe que existe algo llamado dismorfia selfie, una patología que consiste en querer ser igual a ti, lo que podría entenderse como un anhelo de autenticidad o armonía de vivir. Pero no. No es nada bueno, porque el modelo a seguir no es el de la vida real, sino el personaje que proyectas en las redes sociales. Específicamente, esta dismorfia se trata de perseguir el mejor parecido posible al aspecto propio cuando se pasa por los filtros visuales de las redes.

Así es. La naturaleza imita a las apps. No quiero darte mucho la lata, pero una vez leí a un escritor alemán que decía en un ensayo largo y muy bueno que el primer miedo que teníamos era el miedo a los demás y que la ropa, más que para abrigarnos, era la primera barrera de protección ante la masa. No es que rehuyéramos la masa. Al contrario, Queríamos ser parte de ella. Pero, para lograrlo, había que protegerse primero.

Los filtros para las selfies se me figuran algo así. Son como una coraza nueva que brinda la protección necesaria para que nos integremos con alguna sensación de seguridad al gentío digital. Son la armadura virtual.

Hace una década creíamos que las redes sociales iban a provocar una ola de sinceridad, confianza y transparencia. Hoy, lo que más vemos es desconfianza, odio, prejuicios y fake news. Lo que más se hace es lo contrario a dar la cara. Se trata más bien de esconderla detrás de una nueva.

Cuando se habla de la relevancia que están adquiriendo las identidades, no hay que pensar sólo en las de pueblos originarios, disidencias sexuales o etnias discriminadas, sino también, y creo que sobre todos, en las identidades que nos vemos muchas veces en una necesidad ansiosa por adoptar y transformar. Ahora las personas somos customizables.

La fuerza de esa pulsión está llevando a alguna gente al pabellón quirúrgico para replicar su look de las redes. Es el paso más extremo en la utopía de reinventar la identidad. Pero no creo que sea el último.

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