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Jueves 2 de diciembre de 2021

Columna de Ariel: Sed de Venganza

No sé si a veces hay artistas que graban canciones sobre las relaciones que perdieron o pierden relaciones para grabar canciones. Taylor Swift, Olivia Rodrigo y Adele, han hecho algo parecido este año. Y con mucho éxito.

Es obvio que enamorarse y desenamorarse inspiran emociones que se pueden convertir en música. Si no fuera así, casi no existiría la música popular. Pero ahora creo detectar una disposición distinta. Hacer una canción sobre tener el corazón roto es más antiguo que la sal. Lo nuevo es que ahora esas canciones hablan de personas concretas y sabemos quiénes son.

Es como una funa musical. La lógica de las redes sociales llegó al top 10 de Billboard. Si la misma canción no dice el nombre y el apellido de la persona causante de la pena, la rabia o el desconsuelo de la estrofa y los coros, la estrella en cuestión se encarga de generar todas las pistas necesarias en entrevistas, lives, tik toks y lo que venga para que los fans saquen sus conclusiones.

No hay mejor venganza que el éxito, dicen. Y si una canción que va por esta línea le pega el palo al gato, ya la venganza es perfecta. Hay funa pública, con nombre y apellido incluso cuando las canciones no lo hagan saber explícitamente y la parte que quedó sufriendo ahora se alza entronizada en los podios del streaming en audio y video.

Es como cuando en Instagram las personas se sacan fotos pasándolo increíble y viéndose bien en traje de baño para que los o las ex involucradas vean qué se están perdiendo.

La motivación detrás del arte siempre me ha dado lo mismo. No creo que haya que creer en Dios para que te guste Bach ni abrazar los principios de la revolución cubana para enganchar con las canciones de Silvio Rodríguez, como me parece que escribí aquí mismo en otro momento. Así que estas canciones de revancha me gustan si son buenas.

Lo que no me gusta es esa sed de venganza pública que es transversal a estos hitazos de 2021 y a las más pequeñas rencillas que vemos en las redes sociales, desde las funas políticas hasta las amorosas. Cuando pienso en eso y veo que además esto no significa que haya más justicia que antes, echo de menos la discreción perdida en los remotos años de nuestra convivencia analógica.

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Tags Editorial