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Viernes 5 de noviembre de 2021

Columna de Ariel: ¿Qué pasó, Greta?

Greta Thunberg tiene un gran mérito. Nos llevó del calentamiento al emputecimiento global. Sus huelgas de los viernes, sus travesías trasatlánticas, su “how dare you!” en la cara de los líderes mundiales remecieron las conciencias reacias a asimilar el lenguaje de las clases de química y la tabla periódica para aceptar de una vez que estamos viviendo una debacle ambiental.

Pero ya está bueno, creo yo.

En la Cop 26 se armó una polémica por el uso de lenguaje soez, mandando a los gobernantes y poderosos del planeta a meterse la crisis climática por el trasero. Ella bromeó y posteó que iba a dejar de usar garabatos y que los que ha dicho los va a “neutralizar con palabras lindas”.

Divertido. Sin embargo, me pregunto si el modo Greta es lo que necesitamos para atisbar una salida a la catástrofe. La idea fuerza de su cruzada va por la línea de que hay un mundo adulto a cargo del mundo que le está heredando un infierno a una generación inocente. Así las cosas, la única reacción posible es de rabia y desprecio.


Y ahí está el primer problema. ¿Es el clima o es odio generacional?

Su estilo de protestar surge de la misma grieta que separa a los wokes de los boomers o a los despiertos de los atrevidos para traerlo al nivel local. Esa frontera puede ser ideológica, valórica, estética, ética, moral, pero no podemos ignorar que también, y a lo mejor sobre todo, es una frontera de edad.

Desde ahí, Greta se parapeta contra este maligno mundo de los viejos que le estropeó su planeta y le robó su futuro. La idea que transmite es que las personas mayores con poder se confabularon para ponerles las cosas difíciles a los humanos más chicos. Difícil que sea cierto. Las generaciones adultas en realidad se engancharon a los combustibles de la revolución industrial y al progreso que crearon. No se dieron cuenta de que era parecido a una droga. Te hizo sentir bien un rato, pero cuando empezaron los efectos adversos era muy difícil dejarla. Los adictos dañan a su entorno, pero como un efecto colateral de su adicción, no como un plan maestro.

La generación que le está estropeando la vida a Greta es tan víctima como ella. De esta vamos a salir si lo entendemos y nos ponemos a cooperar y dedicarle harta inteligencia, voluntad y creatividad al problema. Ya sabemos quién tuvo la culpa. Ahora, superémoslo y busquemos una solución entre todos.

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Tags Editorial