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Jueves 23 de junio de 2022

Columna de Ariel: Mujeres y poder

Como no he estado de viaje en otro planeta últimamente, estuve, como todo habitante de este suelo, súper al tanto de la que se armó porque la institución de la Primera Dama pasó a llamarse Irina Karamanos y su gabinete, gabinete Irina Karamanos, igual que la titular de esa posición. Qué feliz coincidencia. Es como si a la Presidencia de la República hubiese llegado alguien llamado Presidente de la República.

Pero bueno, no abundemos en la talla ni la burla fácil. El Gobierno enmendó este condoro y la repartición asumió el nombre gris, fome y burocrático que le corresponde. Aquí quiero dejar por escrito, sí, que pienso que el bautizo de esa dependencia no se debió a un afán absolutista de la pareja de nuestro mandatario. Creo que más bien fue una tontera de redacción, donde nadie se dio cuenta que al menos el nombre debió haber sido “Gabinete de Irina Karamanos”. De todas formas, aunque menos ridículo, esto habría sido un error, porque es consustancial a cualquier democracia que se precie de tal que las instituciones no se personalicen. Así que no fue un desvarío autocrático, pero sí una chambonada de marca maor desde el punto de vista intelectual y político.

Pero más allá de las torpezas y limitaciones de los involucrados, esto también pasa porque seguimos reservando para las mujeres posiciones de poder decorativas. Pienso en figuras femeninas de la historia que adquirieron peso político sin tener ninguna validación representativa. Se me vienen a la mente Lucía Hiriart, Imelda Marcos, Eva Perón. Incluso Jackie Kennedy. ¿Por qué “Evita” es más reconocida que María Estela Martínez de Perón, “Isabelita”, que asumió la presidencia argentina después de haber sido electa vicepresidenta junto a su marido? (esto de las parejas presidenciales es muy trasandino, como pueden ver). Me parece que es así porque cuando los cargos son decorativos y quienes los detentan tienen algún grado de carisma, está todo dado para que el torbellino populista emerja en torno a esa figura.

La posibilidad de que en torno a los cargos decorativos surja un culto populista sigue abierta. Como estos puestos siguen siendo mayoritariamente femeninos, la situación no le hace ningún favor al género. Como favor a las mujeres, a la paridad y a la salud democrática, se necesita urgente eliminar del diseño institucional de cualquier gobierno esta lesera ornamental, amenazante y obsoleta.

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