Click acá para ir directamente al contenido

Jueves 7 de julio de 2022

Columna de Ariel: Mujeres en la cancha

Las Diablas, la Roja femenina (me enteré hace poco que”las rojitas” ya no se usa), la “Leona” Asenjo nos han llamado la atención estas últimas semanas por sus logros deportivos y por los lances que van a enfrentar por estos días.

Las mujeres están hoy día en el primer plano del deporte chileno, mientras, especialmente en el fútbol, los exponentes XY viven en un humillante lugar secundario envuelto en las brumas de la mediocridad. Pero esto no es nuevo. El deporte femenino de Chile ha brillado de un modo que proporcionalmente tal vez sea más intenso que el del masculino. Marlene Ahrens, medalla de plata en lanzamiento se jabalina en las olimpiadas de Melbourne en 1956, es una de las figuras señeras del atletismo nacional. Antes que el Chino Ríos, Anita Lizana estuvo en el número uno mundial del tenis femenino, siendo la primera hispanoamericana en llegar a esa posición. También ganó el abierto de Estados Unidos en 1937.

Nada en contra del Chino, de Massú, de González ni de la “generación dorada”, pero creo que le damos mucho más color a los triunfos deportivos cuando son masculinos. Sabemos más de Cecilia Bolocco de que Marlene Ahrens. La nueva generación de deportistas femeninas tal vez pueda cambiar este sesgo hacia la testosterona, pero…

… siempre hay un pero. Como diría un revolucionario replegado, “no están dadas las condiciones”. Si el armado institucional del deporte chileno masculino es desastroso, no querríamos ni imaginar cómo será llevado al contexto femenino. En la canción Woman Is The NIgger of the World, John Lennon cantaba que por cada hombre que lo pasaba mal, había una mujer que lo pasaba peor. Me parece que esto es full aplicable a nuestra institucionalidad deportiva.

Ya lo vimos en el caso de Las Diablas. La selección de hockey femenino no tenía donde entrenar y se hizo camino a su primer mundial en medio de puras penurias económicas. La paridad de género no ha llegado al mundo deportivo cuando se trata de infraestructura y comodidades para el deporte de élite. Para los hombres, sigue siendo más fácil. No se trata tanto de una total paridad de ingresos. Es razonable que exista un componente variable de premios o bonos que se entregue a equipos o atletas individuales de acuerdo a lo que sus actuaciones generan en términos de público o auspicios. Pero lo demás debería ser parejo.

Y lo que muchas veces contribuye a emparejar la cancha es una organización institucional honesta y transparente. Tenemos un problema de género en el deporte chileno, pero gran parte de este problema está en las organizaciones, no en el público, no en los deportistas.

SEGUIR LEYENDO