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Jueves 3 de junio de 2021

La columna de Ariel: Esta abuela sí que sí

La Kate Winslet se pasa. Es como la Meryl Streep de su generación. Aunque tal vez me guste más, porque la Streep me carga un poco desde que su pega se convirtió en actuar bien en vez de hacer bien los personajes que le tocan. ¿Se entiende? Supongamos que Netflix hace su versión de La Pérgola de las Flores y Meryl Streep hace de Carmela. Tengamos también flexibilidad con las edades, es un ejemplo no más. Bueno, antes que hacer de Carmela, Meryl Streep haría de Meryl Streep actuando para el Oscar. Todavía no le perdono esa performance que se mandó en la segunda temporada de Big Little Lies. Virtuosa, seca, intensa. Todo lo que quieran. Pero yo sentía que estaba viendo un examen de grado en la mejor escuela de teatro del mundo en vez de un personaje que me tocara alguna fibra.

Ya. Vuelvo a la Winslet. Perdón, Meryl. Tenía que decirlo. Que escribirlo.

Como cualquier persona que sepa cómo perder el tiempo con algo estimulante en vez de estar trabajando por el bien de la humanidad, enganché con la serie Mare of Easttown y todavía no me repongo. Yo pensaba que tenía mucha pega y problemas familiares. Antes de quejarte de tu vida, deberías ver cómo es la de la detective Mare Sheehan, la protagonista de la serie. Kate Winslet la interpreta como una mujer madura, pero que sexual y afectivamente es una maleta a la que todavía le quedan viajes, como dicen algunas amistades sexistas mías que todavía no se deconstruyen. Es adicta al vaper. Vive con su mamá, su hija y su nieto. Está separada. Es decir, tiene cuatro generaciones a su cargo en la casa.

Chuta. Yo pensaba que vivir con una pareja con hijos ajenos era complicado, pero esa situación es como estar en Buckingham, con un ejército de gomas que te ayudan hasta a levantar la taza de té, al lado de lo que le toca a esta mujer que además tiene que investigar la desaparición de una niña de su ciudad y el asesinato de otra. Para colmo, la mamá de la niña desaparecida es una de sus amigas de colegio y la trolea en la calle y en las noticias locales porque todavía no se sabe nada de su hija.

Esta mujer tiene otros miles de atados tanto o más heavy que estos, pero no los voy a enumerar acá porque sería lo que ustedes, dándose cualquier color como expertos en cultura pop, llamarían spoilers. Entonces, cuando Kate Winslet se alumbra por no haber querido ningún retoque en sus arrugas ni en los rollos que se le ven en una escena sexual con Guy Pearce, más que interpretarlo como un gesto en contra de los cánones de belleza que nos impone el capitalismo heteropatriarcal judeo cristiano, yo lo entiendo como la decisión de una actriz que sabe de qué se trata la pega.

Cómo te vas a ver bonita con una vida así. Qué tiempo vas a tener para ir a yoga, pilates, a la peluquería, a comprarte ropa linda, a que te hagan las manos, a depilarte. En qué minuto te vas a ver al espejo entre que te levantaste y te acostaste. La elección de no embellecer nada en el físico del personaje es una virtud actoral más potente, para mí, que la transición de cuatro o cinco estados emocionales que Meryl Streep puede entonar y gestualizar en tres segundos.

Y lo otro que me gusta es que, con todo ese desastre en su vida y a su alrededor, la detective Sheehan sigue siendo atractiva. Ya vimos que le salta la liebre y además tiene opciones de descarte. Yo me saco el sombrero que no tengo ante estas dos minas, el personaje y la actriz.

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