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Jueves 23 de diciembre de 2021

COLUMNA DE ARIEL: Los Fantasmas de las Navidades Pasadas

Anoche tuve tres sueños muy raros. Me visitaron los fantasmas de las Navidades pasadas. Igual que en el cuento.

El primero me llevó a la Navidad de cuando mi abuela y mi abuela empezaban su familia. Uno de mis tíos era un recién nacido de no más de un año. Vivían en una casa que en realidad era no mucho más que una pieza de un cité de uno de los anillos exteriores al centro de Santiago. Un poco más allá de este pasaje estrecho, pero pavimentado, las calles eran de tierra. Por aquí y por allá parecían niñas y niños con la cara sucia y sorbiéndose los mocos, sin zapatos en los pies, con bolsas de género donde se asomaban panes, frutas y verduras que de seguro les habían dado en algunas de esas casas de conventillo pobres, pero menos pobres que ellos.

Mi abuela cocinaba algo que parecía una cazuela. En el suelo de pastelones fiscales de la cocina pude reconocer los restos de un conejo, uno de los que criaba un vecino, según recuerdo por los cuentos que ella me alcanzó a contar. Se afanaba revolviendo la olla, pelando y picando verduras, condimentando de cuando en vez. Mi abuelo fumaba en un sillón raído de la pequeña sala. Leía los resultados hípicos en un diario arrugado sin inmutarse por el trabajo de mi abuela.

Ella puso la mesa, sirvió la comida y levantó los platos. Abrieron un paquete de papel volantín en que habían envuelto un chupete para mi tío. Su regalo de Navidad. Él se fue a dormir. Ella se quedó lavando los platos.

En el segundo sueño, la guagua era yo. Mis abuelos habían llegado ya en su pequeño auto y dejado los regalos que me traían, tres cajas rectangulares envueltas en papel con motivos navideños, bajo el árbol que mi mamá y mi papá habían adornado en nuestro pequeño antejardín. Nuestra casa quedaba a unos treinta minutos del centro. Las micros pasaban haciendo vibrar fuerte sus carrocerías que parecían hojalata por una calle cercana al pasaje. La familia se sentó a la mesa. Mi mamá llevaba una fuente de carne mechada y papas duquesas congeladas que había calentado en el horno. De postre, había duraznos con crema.

Mi abuela y mi mamá levantaron la mesa en gran parte. Mi papá hizo el resto cuando se acordaba de interrumpir la discusión que tenía con mi abuelo sobre política. Los enfrentaba algo relacionado con la dictadura y los derechos humanos. Mi mamá y mi abuela ya lavaban los platos.

En el tercer sueño, estaba yo recibiendo a mi mamá, a mi papá y a mi abuela ya viuda. Mientras dábamos una vuelta a la manzana porque querían que les mostrara el barrio del edificio al que me había cambiado hace poco, pasaron a nuestro lado corriendo dos hermanos que parecían bajos de estatura y muy corpulentos a la vez. Rechonchos y satisfechos, llevaba cada uno un algodón de azúcar. Ciclistas sudorosos pedaleaban por la ciclovía del frente, quizás apurados por llegar a la cena de Navidad que los esperaba. Ya era de noche, pero seguía haciendo mucho calor.

Comimos platos thai que pedí por delivery. Después de que el hombre y las dos mujeres me ayudaran a ordenar la cocina y dejar todo lo que había que limpiar en el lavavajillas, ofrecí algunos destilados y licores para abrir nuestros regalos en la terraza. Cuando los mayores se iban, pedí un Uber para ir a la casa de unos amigos que me habían invitado a lo que habían bautizado como after christmas.

Desperté. Me di cuenta de que el sueño me había mostrado todo lo que nuestra sociedad había cambiado en medio siglo. Habíamos avanzado en alcanzar más prosperidad y más paridad en la distribución de las tareas familiares y domésticas. Habíamos pasado de un mundo semi rural a uno urbano y moderno. Pero también teníamos problemas. De la desnutrición infantil pasamos a la obesidad y la malnutrición. De la templanza mediterránea, a la sequía y los calores extremos. De las redes familiares a una vida más solitaria. De cierto calor provinciano a la frialdad de una metrópolis.

Me gustaría soñar con futuras navidades en que los avances del presente convivan con lo bueno del pasado que dejamos atrás.

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Tags Editorial