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Jueves 16 de septiembre de 2021

Columna de Ariel: Follow the Lider

Nunca me ha quedado muy claro qué es liderazgo. Tiendo a creer que muchas veces es una forma más suave de decir “autoridad” o “poder”. Como cuando se dice “desvinculaciones” en vez de “despidos”.

Pero está claro que el liderazgo es un tema de aquí a esta parte. Se habla de él hasta el aburrimiento en empresas, instituciones públicas y organizaciones de lo que se ha dado en llamar la sociedad civil. Vemos varias veces al año el listado de los líderes jóvenes, los líderes sociales, los del emprendimiento, políticos, las líderes mujeres, los líderes de los líderes.

Estos rankings son para mí algo que demuestra el hecho de que no podemos despegar de las jerarquías, que necesitamos mirar para arriba y admirar a gente con más logros, más influencia, más carisma, más autoridad y más poder. Pero como eso no suena tan horizontal ni inclusivo recurrimos al concepto de liderazgo, porque suena más buena onda.

Y así también acomodamos el liderazgo a acciones y áreas que no son las de antes. Entonces ya no admiramos a gobernantes férreos ni a militares expansivos. Dejamos de lado el liderazgo patriarcal y nos entusiasmamos con personalidades que nos dan la idea de ser más inclusivas y amables.

Pienso que de ahí viene el énfasis en el liderazgo femenino, pero encuentro que la idea es compleja. Se repite harto que esta nueva forma de liderar es más empática, dialogante y colaborativa. O sea, sería una cuestión de personalidad. Pero entonces, ¿porqué es exclusiva de las mujeres? ¿La segunda equis es la que determina estos atributos? Me parece que no es así, que la personalidad tiene un componente cultural y social fuerte, por lo que esos rasgos de personalidad no tienen por qué ser atributos exclusivos de las mujeres.

Otro problema es que todas esas cualidades simpáticas que se le atribuyen al liderazgo femenino no dan respuesta a todo. La gente que encabeza cualquier tipo de organización, un país o una casa, a veces tiene que tomar decisiones difíciles, impopulares, que no se van a entender en el momento y que ni siquiera la persona que las toma sabe si son las correctas.

Para mí, lo mejor sería hablar de liderazgo a secas, mientras además desentrañamos qué queremos decir realmente con esta palabra. Yo no tengo la respuesta. No soy líder de nada.

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Tags Editorial