Click acá para ir directamente al contenido

Miércoles 28 de julio de 2021

Columna de Ariel: la lección de Simone y Naomi

La columna de Ariel

Una vez tuve que salir frente a todo mi colegio para cantar en un acto del Día de la Madre. Fue el peor día de mi vida. Tenía en la guata una mezcla entre nudo y vacío que no había sentido ni he vuelto a sentir. Tiritaba y sudaba. Escuchaba las voces de los demás difusas y en un plano lejano. Veía en nebulosa. Pero llegó el momento, como decían en Rojo. Salí. Canté. Me aplaudieron. Nadie me ofreció un contrato discográfico, pero fue digno. Mi vieja estaba feliz y todavía tiene enmarcada una foto donde me abraza con la tremenda sonrisa detrás del pedestal del micrófono.

Fue tortuoso, pero cumplí. Recordé esta escena en la semana, cuando Simone Biles se retiró de la competencia de gimnasia artística en Tokio. Con algunas medallas de oro que estaban casi reservadas a su nombre, una de las mejores atletas de la historia decidió hacerse a un lado porque su cabeza no estaba como para salir al ruedo y hacer lo suyo. El gesto dramático y terrible de Biles estuvo precedido por otro retiro dramático ante un escenario global, el de Naomi Osaka de Roland Garros, abrumada por los compromisos mediáticos del torneo.

Tenemos acá en Chile un candidato presidencial que hizo público que padece una patología mental. La pandemia lleva un año y medio amenazando nuestro equilibrio psicológico. Está bien que se ponga en relieve que la mente es una parte de nuestra existencia tan vulnerable como los riñones, el corazón o las amígdalas. Tenemos que asumir que hay condiciones que a veces son incompatibles con lo que se supone que es un funcionamiento normal en la vida. Que así como podemos dejar de ir a la pega por estar con fiebre, no es terrible tener una licencia médica por estrés o depresión. Tenemos que afianzar una cultura que asuma nuestra vulnerabilidad psíquica y la tome en serio, sin subestimarla, pero también sin dramatizarla innecesariamente.

Y lo otro que me parece relevante es que tampoco podemos andar usando la carta de la salud mental como si fuera un comodín. Para no dar la prueba o hacerle el quite a una pega angustiante. Para evitar desafíos grandes. Hay que saber enfrentar algunos demonios. Darles cara, como se dice. Si todo es salud mental, nada es salud mental. Tenemos que respetar a la atleta que no se siente cómoda ante las exigencias de una competencia sobrehumana. Pero también hay que saber tener las agallas a veces. No podemos pretender que nada nos costará esfuerzos ni sacrificios. Como hemos aprendido con las vacunas, poner el hombro es importante, cuando hay que apañar a alguien que pasa por un mal rollo o cuando hay que apechugar con un desafío que parece que nos queda grande.

Me lo recuerda esa foto ya desteñida enmarcada en la casa de mi mamá.

SEGUIR LEYENDO
Tags Editorial