Click acá para ir directamente al contenido

Jueves 14 de julio de 2022

Columna de Ariel: La Fobia antifóbica

-Usted habla de personas con capacidad de embarazarse-, le señaló el Senador republicano a la académica de Berkeley que asistía como testigo a una sesión del Comité Judicial de la Cámara Alta estadounidense en que se analizaban los alcances de la reversión por parte de la Corte Suprema del fallo del caso de 1973 Roe vs. Wade, que terminó con la garantía constitucional del derecho al aborto a nivel federal.

-Sí-, contestó ella.

-¿Serían mujeres esas personas?-, retrucó el Senador.


Luego vino de parte de la experta una exasperada respuesta en la que acusó que el congresista seguía una línea transfóbica de interrogación por no aceptar que la capacidad de embarazarse no pertenece sólo a las mujeres. Su cuestionamiento, agregó, era en el fondo violento y aportaba al suicidio de una de cada cinco personas trans en Estados Unidos.


El video de este áspero intercambio fue subido a las redes sociales por el Senador. Me llamó mucho la atención, primero porque creo que hace 10, incluso hace cinco años, esa conversación, intercambio o discusión, como queramos llamarle, habría sido imposible. También es una muestra de todo lo extremos que es el choque entre progresismo y conservadurismo en temas de género, reproductivos e identitarios.
Para el Senador estaba claro. Las mujeres se embarazan; los hombres, no. Para la académica también estaba claro. Cualquier que no reconozca la distinción entre identidades cis y trans y que por lo tanto ignore que no sólo las mujeres pueden embarzarse, así como que no todas las mujeres pueden hacerlo, es una persona violenta que contribuye al sufrimiento y eventualmente a la muerte e las personas trans y no binarias.


Hay hombres trans que nacieron como mujeres. Si conservan los órganos reproductivos femeninos, pueden embarazarse. Lo mismo personas binarias que tengan ovarios, útero y vagina. En esto, la académica tenía razón. Y bien pudo el Senador haber cuestionado el uso del concepto de “personas con capacidad para embarazarse” con el ánimo de ridiculizar la postura o motivado por un impulso a la discriminación y la intolerancia. Lo que me importa no es tanto eso.


Podríamos suponer, y sólo suponer, que la pregunta del Senador, en vez de responder a una agenda conservadora intolerante, pudo haber surgido de la ingenuidad o la desinformación. No tiene por qué ser tan fácil para todo el mundo asumir que el relato cultural milenario de que solo las mujeres son las que traen hijos al mundo no es nada más que eso, un relato cultural.


La acusación de que la dificultad para comprender este cambio de paradigma responde a la violencia transfóbica y cómplice de las muertes de las personas discriminadas es un clásico exceso del discurso progresista ensimismado que proyecta un halo de superioridad moral difícil de tolerar de parte de personas que no se hacen a diario este tipo de preguntas, porque no viven en el entorno de un campus universitario de prestigio.


Tal vez el Senador sí es una persona transfóbica. Pero sus preguntas y dudas pueden estar presentes en la mente de personas de buena voluntad que se acercan a esta nueva forma de rotular la realidad desde la curiosidad, la ingenuidad y la extrañeza. Retarlas, despreciarlas o acusarlas de violentas es lo más contraproducente que pueden hacer quienes defienden las libertades reproductivas. En parte, su discurso fóbico contra las fobias alienó votantes que a lo largo de cinco décadas se volcaron a candidatos conservadores que no juzgaban su visión menos compleja del mundo. Al cabo de cincuenta años, esos cambios en las preferencias electorales permitieron que la Corte Suprema de Estados Unidos quedara en manos de la mayoría conservadora que acaba de revertir la garantía del derecho al aborto en todo el país. Nadie sabe para quién trabaja.

SEGUIR LEYENDO