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Jueves 9 de junio de 2022

Columna de Ariel: La receta de la felicidad

Todavía no me repongo del juicio de Johnny Depp vs. Amber Heard. Más que el veredicto, el desarrollo del juicio mismo fue demoledor. Los testimonios, interrogatorios y videos me generaron lo mismo que a veces me ha pasado con la comida rápida. Sabía que me hacía mal, pero nunca era suficiente. Todavía tengo malos sueños con esas peleas en la cocina y las copas de vino llenas hasta casi el borde en lo que asumo eran horas de la mañana. O con esa imagen de la evacuación intestinal en la cama de Depp. A veces me dan ganas de volver a una época en que éramos un rincón provinciano del mundo y las noticias se demoraban en llegar.

Pero nada que hacer. Amber Heard y Johnny Depp estuvieron exhibiendo sus miserias en la pecera global y, como pasando al lado de un choque, no pude dejar de mirar. Creo que una de las causas de esa fascinación es descubrir, como el nombre de una vieja teleserie con Verónica Castro, que los ricos también lloran. La contemplación de la miseria en entornos donde no debería ni asomarse no solo nos deslumbra, sino que también nos consuela. Es triste, pero es así.

Con historias como esas, podemos darnos cuenta de que los pequeños desastres cotidianos presentes en nuestras vidas no son tan terribles. Un sobregiro por aquí, una discusión de pareja por acá, un mal momento laboral más allá no significan tanto. Los que no tienen ninguno de esos problemas igual se las arreglan para tener otros que son mucho más brígidos y terminan en una corte con transmisiones en tiempo real para todo el mundo.

Entonces, la pregunta a la que deberíamos llegar es un clásico. ¿Son materiales las condiciones para ser felices? Pensemos en Depp y Hearst. Pensemos en la interminable estirpe de artistas, millonarios, iconos y genios atormentados cuyas vidas terminaron mal y temprano Tenemos que responder que no, que las condiciones no son materiales. Que la desgracia y el malestar también pueden reinar en una mansión frente al mar de California o en un departamento elevado sobre el Central Park.

Ahora, también tenemos que preguntarnos si la felicidad puede prescindir completamente de lo material. ¿Hay dicha en la desnutrición, la enfermedad, la esclavitud? Yo creo que no. Ser feliz requiere un cuerpo apto que se sienta feliz. Incluso los monjes tibetanos, que prescinden de todo lo material que puedan, acostumbran sus cuerpos a esa precariedad y están haciendo un truco material. Hay condiciones mínimas. No sufrir dolores, carencias ni enfermedades evitables puede ser una de ellas. Las formas en que tratamos de organizar la vida en sociedad, eso que llamamos política, puede tener que ver en gran parte con la búsqueda de la fórmula más eficiente para garantizar o hacer que la mayor cantidad de personas puedan acceder a esas condiciones.

De ahí para arriba, y esto me parece que es al mismo tiempo lo más terrible y lo más lindo, depende de cada cual.

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