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Jueves 7 de octubre de 2021

Columna de Ariel: El regreso de ADELE

Descubrí a Adele tardíamente. Siempre me pasa con el pop. Desprecio a las estrellas del momento porque no puedo dejar de ver la operación comercial montada sobre el talento y todo, cada gesto, cada nota, cada actuación, me parece un despliegue prefabricado pra hacer sonar la caja registradora.

Después, las canciones me ganan, me convencen, me desarman. Con Adele, fue hace poco, con los airpods conectados al teléfono tratando de despertar una mañana cualquiera. Entre sueños, sentí como que navegaba en un oleaje suave con un ritmo dictado por la repetición de esta frase: “I know it ain’t easy giving up your heart”. Con ese verso a cargo de un coro se mezclaba a contrapunto la voz de la cantante: “nobody’s perfect. Trust me, Ive leraned it”.

Era como si me estuviera cantando para que me diera cuenta del valor de su música. Como si a ella le importara la apreciación de una persona insignificante lidiando con el cansancio pandémico en el amanecer de una triste ciudad sudamericana. Obvio que sabemos que no es así, que la canción es un pitch romántico en plan de venta agresiva (“I dare you to let em be your one and only”), pero así son mis fantasías. Qué le voy a hacer.

Desde entonces que la he escuchado con más atención. A veces me siento culpable por llegar 11 años tarde, pero después se me pasa. Calculo fácil los años que han pasado, porque ella misma sirve para orientarse gracias a que titula sus discos con la edad que tiene al momento de lanzarlos: 19, 21, 25. Y ahora se vendría 30.

¿Irá a seguir para siempre con esa forma de bautizar a sus discos? ¿Se va a sentir cómoda a los 57? ¿Se va a bajar la edad en los discos y nadie se va a dar cuenta? Creo que la idea de Adele es que cada disco es el reflejo de una época y una edad. Ahí le tengo una crítica. Uno podría poner las canciones de “25” en “19” y no pasa nada. Tal vez su mensaje sea ese, que la edad no importa. Pero si es así, por qué darle tanto color ocupándola para nombrar los discos.

Es confuso, lo admito. Lo otro que pienso es que Adele es un reflejo del individualismo que se ha impuesto en la vida actual. Hay pocas cosas tan propias como la edad. No le puedo prestar mis años a otra persona. Nadie los querría, en todo caso. Poner su edad en los discos sería una forma de decir que son suyos y solo suyos. Su apariencia física es otro tema. Sé que es complejo y de mal gusto hablar del físico de otros, pero me da la impresión de que ella misma ocupa sus cambios corporales como un asunto que tiene que compartir con el mundo. Tal vez sea una forma de revancha con el ex. Quién no lo ha hecho. Pero en esa ambigüedad respecto del cuerpo propio, Adele también es un signo de los tiempos.

La espero ahora con cierta ansiedad. Se vendría un disco nuevo este mes. Adele tiene esa perfección vocal a veces insoportable de los ganadores de concursos de talentos. Pero siempre se asoma algo más que me conmueve. Una carraspera por aquí, un giro inesperado por acá, unos versos hipnóticos por allá. Con eso me basta para esperarla.

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