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Viernes 19 de noviembre de 2021

Columna de Ariel: El género de los votos

He estado siguiendo la serie de mujeres pioneras políticas chilenas que armó Play (están en Instagram y en la señal de la radio) y algunas cosas me han llamado la atención. Una de ellas es que la política chilena sí acogió a mujeres, obviamente una minoría ínfima, pero las acogió igualmente, en cargos ejecutivos, es decir, en aquellos que son designados por la Presidencia de la República o por alguien en su representación.

Tuvimos intendentas y embajadora, por ejemplo, antes que tener diputadas y senadoras. La carrera de Gabriela Mistral transcurrió en gran parte como representante del gobierno chileno ante legaciones extranjeras. Esto me hace pensar que más que de la participación femenina en política, lo que la antigua sociedad consideraba peligroso era el voto femenino.

Yo lo interpreto así: No era tan terrible que las mujeres entraran a las esferas del poder. Lo que intimidaba era que las modificaran. Ese es uno de los poderes del voto. Apuntala las instituciones, pero también las modifican. Y esos cambios institucionales dependen de quiénes y qué grupos estén votando.

Y esos mismos grupos también pueden cambiar e influir en distintas direcciones. Los inicios de los movimientos sufragistas chilenos muestran que, en paralelo, los movimientos obreros y las mujeres de clase alta convergieron en la reivindicación del derecho a votar. La reivindicación, sobre todo en el caso de los sectores más acomodados, estaba acompañada por un hastío de los valores y costumbres que propiciaba la alta sociedad conservadora. Una mirada progresista en lo social y liberal en lo valórico acompañó el discurso de precursoras del activismo de género como Aamanda Labarca y Elena Caffarena.

Curiosamente, una vez conseguido el derecho a voto, el electorado femenino se convirtió en la reserva de los partidos de derecha que le permitió atenuar el avance de los proyectos comunitarios y socialistas de los años sesenta y setenta. La oposición a la UP inauguró el código de golpear las ollas y las primeras en hacerlo fueron las “dueñas de casa” que reclamaban por la contracción de los bienes domésticos disponibles en el mercado local.

En una nueva era de clamor por una sociedad paritaria, donde además las identidades se están convirtiendo en algo más relevante que los partidos (lo que no es necesariamente bueno, creo yo, desde el punto de vista de la democracia), va a ser interesante cachar cómo se distribuyen los votos en la elección de este fin de semana, donde todo indica que las aguas se van a partir con fuerza en la sociedad chilena. ¿De qué lado y, lo más importante, cómo iremos a quedar?

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Tags Editorial