Click acá para ir directamente al contenido

Jueves 14 de abril de 2022

Columna de Ariel: El Bebé de Britney ¿Felicitaciones o felicidades?

Mientras sigue la guerra en Ucrania y un grupo de personas electas sigue deliberando qué tipo de democracia va a tener Chile de aquí en adelante, una de las principales noticias de la semana fue el anuncio de Britney Spears sobre su tercer embarazo. La reacción dominante, a juzgar por la cobertura de la novedad y las reacciones en las redes fue de celebración y apoyo a la cantante, recién emancipada del terrible yugo legal que su papá tenía sobre ella.

¿Es para tanto? No sé. Primero, creo que le damos un valor algo sobredimensionado a la maternidad. Si lo pensamos bien, es una función biológica más. Claro, es una de las principales, porque sin ella no hay reproducción de la especie. Tal vez lo que festejamos es inconscientemente que con cada embarazo la especie consigue prolongar su existencia. Pero tampoco me resulta tan claro por qué nos resulta tan importante que la especie siga más allá de nosotros. Puede ser por los hijos, los nietos o los bisnietos, pero más allá de los bisnietos, porqué nos debería importar algo. Ok, porque nuestros tataranietos van a ser hijos de nuestros bisnietos o algo así, ya ahí me pierdo con las palabras que corresponden a esos grados de filiación más remotos. Entonces lo que estamos celebrando no es la continuidad de la especie, sino la continuidad de un linaje, que hace más especiales a los humanos con que compartimos una mayor proporción de genes que aquellos con los que compartimos menos. Ese es un principio de las monarquías, superadas por las revoluciones burguesas de hace dos siglos y tanto.

Es enredado, la verdad. Creo que lo mejor es celebrar a las mamás que van a ser mamás por elección, por la felicidad que una guagua puede llegarles a traer a sus vidas. También puede darse que esa felicidad no llegue y le ceda el puesto a la depresión pos parto. Lo que hay que celebrar en realidad es la apuesta por esa felicidad y desearle lo mejor. Felicitar aquí tiene que ver con la palabra felicidad, que está en el origen del verbo. No es el encomio de un logro, como cuando a padres o madres los felicitan por las notas o los éxitos de su prole. “¿A tu hijo le fue bien en la prueba? ¡Te felicito!” Oigan, el logro es del cabro chico. Felicítenlo a él.

Bueno, celebremos a Britney. Felicitémosla en el sentido de desearle felicidad. Yo muchas veces ocupo “¡felicidades”! en vez de “¡felicitaciones!”. Y también creo que tenemos que desear que este embarazo no sea nada más que una forma elegida por ella para mostrar su autonomía o saldar cuentas con las injusticias que vivió como hija por la vía de no repetir el modelo que siguió su papá. Poner la propia felicidad en manos de una guagua que no tiene que ver con nada me parece una de las grandes injusticias de la vida. Muchas veces esto es inevitable, pero sostengo que es deber de cualquier persona adulta asumir la necesidad de controlar, aislar y analizar ese impulso a hacer que su dicha dependa de su descendencia. Espero que Britney lo tenga claro y le deseo muchas felicidades.

SEGUIR LEYENDO