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Jueves 28 de octubre de 2021

Columna de Ariel: Amor Moderno

El amor no es algo natural. Supongo que los cazadores recolectores que nos precedieron no sufrían anhelando la retribución sentimental de otra persona de su grupo nómade. Me imagino que sufrían buscando alimento y escapando de animales que podían cobrar sus vidas con un solo arañazo o una sola mordida. Lo que debe haber habido en esos tiempos no debe haber sido más que el instinto de reproducción.

Tal como la rueda, la música y el pan de molde rebanado, el amor es un invento de la especie humana. Al principio, no debe ni haber existido la noción de pareja. El negocio de la reproducción de la especie requería que los hombres fecundaran a distintas mujeres a lo largo de su vida, dado que el período de gestación humana es relativamente largo.

¿Cuándo apareció el amor? De repente, preguntémonos mejor qué tuvo que haber para que surgiera. Creo que tuvo que haber una idea de familia, de hogar, la idea de “papá y mamá”, que tiene que haber empezado con la adopción de la agricultura y la vida sedentaria. Aunque los nómades también tienen esas estructuras, lo aprendimos en Romané, yo cacho que las adoptaron de los primeros hogares de los agricultores.

Pero ahí tenemos una organización con una pareja adulta al centro con un objetivo material, podríamos decir económico también. Las familias emergen porque son bien eficientes en asegurar mayor calidad de vida y estabilidad. Para que surgieran los sentimientos pudo haber sido necesario un mayor refinamiento cultural, que el lenguaje desarrollara sus capacidades poéticas y para eso se requería que aparecieran personas con un alto grado de especialización en el lenguaje, lo que se produce con las primeras grandes ciudades y civilizaciones, con los imperios.

Yo pienso que, sin lenguaje, no se ama. Esos típicos códigos medievales de emblemas y colores que los caballeros usaban en nombre de una amada por la que estaban dispuestos a darlo todo son también una forma de lenguaje. Los románticos de los siglos 18 y 19 revivieron esa idea de amor extremo por el que valía la pena inmolarse. Igual, todo eso me parece más cercano al egocentrismo que al amor. La imagen de la “amada”, nunca el “amado”, tiene pinta de excusa para lanzarse en empresas o combates descabellados en los que lograr algo de gloria o trascendencia inventándole un sentido a la muerte y la derrota.

Ese amor era un privilegio, ya que hoy nos ha dado por cuestionar ese tipo de cosas. Gran parte de la humanidad estaba más en la pelea de no morir de sarampión o tuberculosis en vez de llorar su cuitas sentimentales en grandes salones o campos de batalla. Hasta en los guetos industriales de principios del siglo 20 es difícil imaginar una familia pobre donde el amor estuviera arriba en la lista de prioridades.

El amor se empieza a liberar con el progreso. El progreso material crea la posibilidad de la igualdad de géneros. El progreso científico propició la posibilidad de separar el amor y del deseo de la reproducción a través de los anticonceptivos. El progreso cultural nos ha permitido concebir que el amor no es sólo un vínculo heterosexual y con esto nos hemos abierto a concebir que los modos de familia y hogar pueden ser diversos.
El amor moderno es más libre gracias a los avances que hemos tenido a lo largo de la historia. Pero que sigue siendo complejo, sigue siéndolo. Tal vez esa sea su gracia.

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